lunes, 19 de abril de 2010

AMPARADO EN LA VEJEZ


      AMPARADO EN LA VEJEZ

Que una familia, años ha, hube fundado;
en mi memoria, entre tinieblas, recuerdo
y otros dicen, lo que no soy de acuerdo,
que en un asilo estoy abandonado.

Mi mujer, tres hijas me había dado.
Al ser soltera y viajera la mayor
con la segunda, dijo, estaría mejor;   
pero, ella, en esta casa me ha dejado.

Con la peque tal vez habría vivido,
si con su madre, por cruel fatalidad,
al nacer no hubiese fallecido.

Ahora es como un cuento de Navidad; 
me cuidan con más amor que las hijas,
mis queridas Hijas… de la Caridad.

         CERCA DEL OCASO

Un atardecer, cerca del ocaso,
el cielo era un espectáculo hermoso;
con dulce paz y, a la vez, tenebroso.

Un negro nubarrón filtraba el paso
a dorados rayos buscando el raso.
Contra las tinieblas, hacían derroche
de bríos en lid frente a cercana noche;
porque el sol no reconoce fracaso.

Aunque, al fin, la oscura noche venza,
el día siguiente volverá a nacer;
volverá la luz y la esperanza.

Pero esos viejos ojos, hartos de ver,
ignoran, gozando en tanta belleza,
si, para ellos, habrá otro amanecer.




      





              
          EL ALMA DORMIDA

            No es que no vea el sol naciente
con su hermosa luz que brilla,
su color en mar o cielo...
es, que mi alma está dormida.

            Cuando a un ser allegado
se le ha escapado la vida
y mis ojos no han llorado...
es, que mi alma está dormida.

            Si esa música ha evocado
una juventud perdida;
no es que no haya añorado...
es, que mi alma está dormida.

            Si en tus ojos vi mirada
que de amor estaba henchida
y ante ti no me postraba...
es, que mi alma está dormida.

Si un profundo y bello poema
no abre mi antigua herida;
mi mente no está enferma...
es, que mi alma está dormida.

            Si ante un cuadro tan soberbio
que el sosiego y paz anida,
no encuentro un dulce reposo...
es, que mi alma está dormida.

            Si sólo hallo estéril tierra
que esperanza no germina
y al pesimismo se aferra...
ven y a mi lado camina.
Necesito oír el latido
de tu corazón callado
que a mi alma le grita:
¡Despierta, no estés dormida!






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