A JESÚS CON LOS BRAZOS ALZADOS
(1)
Estoy tan acostumbrado a verte
en la cruz de un madero clavado
que en mi corazón se ha velado
tu anonadamiento hasta la muerte.
Me dices que no dejas de ofrecerte
con tus brazos en la cruz extendidos.
Por tantos dones de ti recibidos,
¡con cuanto amor he de corresponderte!
Tú eres el Cristo de la Buena Muerte ,
voluntariamente inmolado
y, en tu Nueva Alianza está mi suerte.
Tu sangre mis pecados ha lavado
y mi inmensa esperanza es más fuerte,
por tener fe en que has resucitado.
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(2)
Estoy tan acostumbrado a verte
en la cruz de un madero clavado
que ni una lágrima mía ha enturbiado
tan excelsa imagen de amor y muerte.
Por mis pecados quisiste ofrecerte,
cual Cordero de Dios inmolado
y mi corazón no se ha ablandado.
¡Cómo no estalla de tanto ofenderte!
Ya sólo quiero seguir tu camino,
de rodillas y a tu cruz abrazado,
con fe y esperanza de nuestro destino
por tu ascensión con los brazos alzados;
confirmando tu mensaje divino
que, al resucitar, ¡seremos llamados!
SOLO, NADA VALES
Aunque seas la flor más bella,
si la soledad te invade
y no hay quien te admire,
tu bellaza nada vale.
Aunque en sublime fragancia,
no haya quien te iguale;
si nadie aspira tu aroma,
tu esencia de nada vale.
Convéncete. Lo que poseas,
si con nadie lo compartes…
Por mucho que tengas o seas,
tu haber de nada vale.
Cuaresma 2006
Julio Ramón
DUERME
Duerme, Jesús, tu sueño es merecido,
y nosotros quedamos a la espera.
¡Ya todo está cumplido y redimido;
será para siempre primavera!
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