A LA INMACULADA FRANCISCANA
Al rezar, te he mirado muchas veces
mas, no apreciaba la inmensa belleza
tallada en tu imagen: Esa pureza
que, en dogma de Inmaculada, mereces.
Fue en tu día cuando admiré con creces
tu faz, maravilla y delicadeza,
con mirada dulce y sin fijeza
absorta en excelso amor y preces.
Quedé cautivo de esa mirada
que, en cercana lejanía,
plasma la luz de tu alma inmaculada.
Cada vez que rece un avemaría
soñaré la tienes en mí fijada.
¡Oh Virgen Purísima y Madre mía!
IMPLORANDO A LA INMACULADA
Si el amor de tu mirada
en mi entraña penetrase,
del corazón duro y ciego
brotaría llamarada
que lo eterno plasmase
con mi dilección y ruego.
Diciembre 2004
Julio Ramón
AL CRISTO DE LA PAZ
Bienvenido, “Príncipe de la Paz”.
Ahí tienes a tu Madre Inmaculada;
ahí lleva cuarenta años alzada
con bella efigie y amorosa faz.
Las liturgias tendrán fulgor con haz,
rayos de tu imagen crucificada,
que en nuestra alma, de rodillas doblada,
alumbrará al fervor que es capaz.
Por tu amor, hasta de muerte en cruz,
te pedimos para el mundo la paz
que nos diste con tu palabra y luz.
Paz tranquila, paz en el corazón.
Las demás, son fruto de alma veraz,
vencedora de toda sinrazón.
11/01/09
Julio Ramón
No hay comentarios:
Publicar un comentario