UNA JOYA DE MUJER
Aunque parezca increíble,
con armonía inigualable,
un brocamantón formaba
esa mujer con su imagen.
Sus ojos de calcedonia
o cual zafiros brillantes,
labios de rojo rubí
y un grosor considerable.
Como hilos finos de oro,
su cabello mecía al aire;
con belleza sardónica
cuando de sus raíces salen.
De una tez coralina
con arcos superciliares;
que, en la cara, resaltaban
como las vetas del jaspe.
Una hilera de perlas
tras sonrisa amable,
dientes de talla perfecta
en albo e impecable engarce.
Su hermoso y esbelto cuerpo,
cubierto de fino encaje,
resaltaba erguidos pechos
y erectas puntas de jade.
Sus dedos esculturales
eclipsaban los diamantes,
eran todos y cada uno
verdaderas obras de arte.
Cuan estatuario mármol,
sus piernas eran alarde
de limpia y suave tersura;
premisas de barí enlace.
Cual transparente amatista,
aun sin sonidos orales,
me dijo que era suya
sin normas condicionales.
Ante oferta tan preciada
mi ánimo restó cobarde
y, asiéndole las manos,
no supe qué contestarle.
Mujer de tanta riqueza
fue causa de anonadarme.
Hembra de piedras preciosas,
era un valor intocable.
Día y noche, noche y día,
no cesaba de arrobarme;
hasta que la luz, ¡albricias!,
inspiró mi oscuro lastre.
Las mañanas y las noches
reservé a mi romance;
mas, cual museo de joyas,
la exhibía por las tardes.
Largas colas en taquilla
y breve escaparate,
rindió pingües beneficios
tan enorme dislate.
Y a esa loca fortuna
se añadió un guelte abundante,
proporcionando otro acervo
que al gozo también valen.
SENTIMIENTOS
De ayer, hoy y mañana.
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