A SAN FRANCISCO DE ASÍS
Francisco de Asís, querido hermano:
en la Carta a un Ministro escribiste,
que no haya en el mundo un hermano
sin misericordia que no le diste,
si es que busca misericordia.
Todo lo que pueda haber pecado
y todo lo que pueda pecar,
que no le aleje jamás de ti;
y si mil veces volviera a pecar
ante tus ojos, ámale más que a mí.
Siervo inútil, minoridad, pobreza,
vivir la forma del santo Evangelio…
todo ello era tu fortaleza.
Eres misterio sin desvelar.
Fuiste discípulo enamorado
y, por el amor compartido, llagado.
Hoy, la hermana luna se ve llena.
Quiere ofrecerte su imagen plena;
y devolverte tu saludo afectivo.
Francisco hermano, ahora que está contigo,
intercede a Cristo por esta Iglesia
para que sea servidora y testigo.
Guíala en sus crisis de noche cerrada.
Tu súplica ante el Cristo de San Damián,
para todos nosotros hazla ahora;
y, por ti, los dones de Dios caerán
a estas almas que, con fe, le imploran
misericordia en su sueño final.
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Francisco de Asís, en su alabanza a Dios,
con el cántico de las crIaturas
ve en ellas la imagen del Creador.
Su alabanza por nuestra madre tierra
muestra su agradecimiento al Señor;
porque nos sostiene y gobierna,
da frutos, cálidas flores y hierbas.
Hoy, nosotros alabamos a Dios
por darnos a nuestro hermano Francisco;
que, en su humildad, nos evangelizó.
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Hermano Francisco: Tu alabanza a Dios
habla de la hermana luna y estrellas;
que formó claras, preciosas y bellas
y, en especial, por el hermano sol.
Ves a dios en el hermano viento
y en las nubes que riegan la tierra,
que calman la sed y brota el sustento.
Hoy, siguiendo tu ejemplo, lo alabamos;
por tanto que nos da y no pedimos,
por lo que pedimos y no logramos,
por su perdón cuando le ofendimos.
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Francisco de Asís, al Señor contempla
en el vigoroso hermano fuego
que, en oscuras noches, ilumina,
se recrea en llamas danzarinas
y, a gélidos cuerpos, calienta.
En la hermana muerte corporal,
que libra de penosa enfermedad;
y será bienaventuranza
si llega en la paz de Su voluntad.
Empapados de apostolicidad,
también nosotros damos alabanza
a Dios, que te colmó de tantos dones
y, enterrando orgullo y ambiciones
fuiste servicio en la minoridad.
Por el hermano Francisco,
te alabamos Señor.
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