EL ÁRBOL
Destacaba su figura
en el despejado campo;
cual primo eje de pintura
al paisaje de un cuadro.
No tenía gran estatura,
como otros de su ramo;
pero era arte de ruptura
en tan monótono llano.
En su tronco denotaba
transcurso de muchos años;
pero, al tiempo, reflejaba
la altivez de antaño.
Muchas son las tarascadas
que antiguo le hicieron daño,
siendo la más destacada
la que le produjo un rayo.
Cicatriz vertical muestra
cual perfecto y fino tajo,
milagrosa obra maestra
lo quemó de arriba abajo.
Ha sufrido en los estíos
largos días asolanados
e inviernos de crudo frío
con fuertes vientos helados.
Testigo de muchos meses
de esforzado trabajo;
y el recoger de las mieses
cuando llega el verano.
Ha dado sombra y cobijo
a lugareños y extraños,
y guía de punto fijo
a animales y humanos.
¡Qué solo está el roble!
Comentan como algo raro.
Aunque no tenga doble,
él siempre está acompañado:
Del tañido de campana
llamando a misa o rosario,
de una iglesia lejana
y de oculto campanario.
Del aroma de las flores
que crecen junto al majano
y de tierra sus vapores
después de un leve chubasco.
Cuando el día, en sus albores,
canta un altanero gallo;
o el cielo con sus rubores
en ocasos irisados.
El hombre con sus aperos
cuando pasa por su lado
y la noche con luceros
en el éter despejado.
¡Cuántas brisas o vientos,
con sus caricias o impactos,
de ignotos nacimientos,
le han mecido a su paso!
Siempre rodeado de amigos,
del ave al escarabajo,
interminables testigos
lo avalan sin menoscabo.
Y, el día que al fin muera;
al hombre, en almo rasgo,
calentará, siendo hoguera,
cuando vuelva del trabajo.
SENTIMIENTOS
De ayer, hoy y mañana
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