lunes, 19 de abril de 2010

EXPLORANDO AL ENFERMO

EXPLORANDO AL ENFERMO

Aunque parezca una paradoja,
no logro encontrar consonancia
entre lo que mi actitud arroja
y lo que me dicta la conciencia.

Sin tener mala voluntad,
hago lo que no debo hacer;
pues va contra la bondad
que, en lógica, exige el querer.

Por mucho propósito que yo ponga,
rápido me veo en el lado opuesto
y esta situación se prolonga
sin querer ni habérmelo propuesto.

Si pretendo amar hasta al enemigo,
no comprendo que los nervios pierda
al recibir un mínimo castigo
y, sin pensar si en justicia concuerda,
puede que no sea lo más doloroso
el dicho o hecho que te ha ofendido;
sino que provenga de un ser querido
del que esperas un acto amoroso.

Lo peor de todo lo anterior dicho,
no es que surja de vez en cuando;
pues ha resultado como un mal bicho
que muerde y no suelta ni resollando.

Si todo es un continuo disparate,
¿por qué tantos años recayendo
en un absurdo y cruel combate
que, aunque en apariencia, a nadie mate
a un sufrido corazón va royendo?

Si es cierto que en todo enfrentamiento
ambas partes tienen algo de razón
y ello me induce al arrepentimiento,
            ¿¡por qué no sé pedir perdón?!

Si todo mi ser está hambriento de paz;
en el olvido tengo defecto y don
y, en mi ánimo, del rencor no soy capaz
            ¿¡por qué no abro mi corazón?!





Es como estar caído en un pozo
que, luminosa, vemos la salida
y por ella saldríamos con gran gozo
de no tener la esperanza perdida.

En llanto me ahogaré, sin duda;
si, en la tierra o cielo, no obtengo ayuda.

                                   02/09/95

LUZ DE ESPERANZA


Si a la madre el parto le hace padecer,
pronto el dolor se volverá en gozo
meciendo al hijo que acaba de nacer.

Por muy profundo que sea un pozo,
siempre con mirada alta se podrá ver,
desde el fondo, del cielo un trozo.

Por pronto que llegue el anochecer
e inacabable nos sea la oscuridad,
del horizonte vendrá otro amanecer.

Aun rodeados de indiferencia y maldad,
siempre habrá un justo que dé su querer
con una mirada plena de bondad.

Y aunque la muerte nos llegue a vencer,
nos resucitará el Hijo del Hombre
que, en poder y majestad, ha de volver.

                        14/03/96    Julio Ramón


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