lunes, 19 de abril de 2010

CON EL PAPA EN LORETO



   CON EL PAPA EN LORETO

¡Los jóvenes con el Papa en Loreto!
Sólo el ver allí tantos reunidos,
pienso son muchos los comprometidos
y, al mundo, con valor lanzan su reto
de erradicar sus males consentidos.

Viendo este emotivo fervor,
como un rezo mi alma lanza
la universal alabanza:
            “Tuyo el poder y la gloria
            por siempre, Señor;
            tuya es nuestra esperanza
            del triunfo del amor.”

Es pensamiento generalizado,
que nuestra juventud está perdida:
pasotismo, sexo incontrolado,
violencia y en la droga sumida;
pero no se piensa que es un reflejo
de unas generaciones que han legado,
por su afán de un lucro desmesurado,
todo el mal que, como un espejo,
muestra la imagen que hemos presentado,
surgiendo de un prójimo pisoteado.

            A pesar de todo ello,
            estoy convencido
de todo lo contrario;
que el porvenir es bello
y el mal será vencido
por un amor resurgido
con la luz del Sagrario.

Basta con haber visto unos segundos
los mensajes de perdón, tan profundos,
de jóvenes de otras ciudades;
que la violencia habían sufrido o sufrían
y a sus causantes ofrecían
su amor, paz y buenas voluntades.











Mas, fue de un Sarajevo atormentado
lo que, hasta al Papa, más ha emocionado:
El rostro de una joven aniñada
que, ante lágrimas de llanto aguantado,
dibujó una sonrisa esperanzada.

Era una cara que expresaba
la belleza de un alma, que estaba
a Europa transmitiendo la esperanza
de una juventud que nadie esperaba
diera amor y paz, en vez de venganza.

Y ante este ejemplo de amor,
como un rezo mi alma lanza
la universal alabanza:

            Tuyo el poder y la gloria
            por siempre, Señor;
            tuya es nuestra esperanza
            del triunfo del amor.

Gracias, pues, hemos de dar
a Dios Padre Todopoderoso,
que nos ha de perdonar
y hace el regalo hermoso
de hijos que harán un mundo generoso.

Esta generación que criticamos
son renglón torcido de Dios
y, de Su mano, limpiarán la escoria
que las nuestras dejó.

            Tuyo el poder y la gloria
            por siempre, Señor;
            tuya es nuestra esperanza
            del triunfo del amor.
                                               13/09/95

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