MODESTO BANCO DE MADERA
En bosque de cemento y acero
(Polifemos con ojo cual colmena)
se abre un claro no edificado,
parque de recoleta plazuela;
y en él, émula silueta de cebra
entre flores, setos, agua y tierra.
Sin oír, oye su nombre de banco.
Rubor siente cuando alguien lo apela;
pues, también así denominan
al gigante de la otra acera.
En vez de gran puerta y guardas [jurados,
su escudo: El aire que lo rodea.
No tiene artística fachada,
sólo anclados listones de madera.
Su afortunada función de servicio
contrasta con fija meta usurera;
no aspira intereses y comisiones,
su fin: Ser útil a quien lo requiera.
Puesto vigía de madre protectora
reposo al cansado cuerpo que pasea,
cóncavo lecho de desarraigados,
cuan frío o calor, solana o brisa fresca.
Regazo de almas solitarias,
nido de amor a jóvenes parejas,
corazones y nombres grabados,
almena en castillo de infantil guerra.
Muchas historias al viento contaría,
si boca con labios de reja tuviera;
pero de humanos sentidos carece
aunque espejo de amor y ternura sea.
Nadie le muestra agradecimiento;
después de usarlo, ignoran y alejan.
Solo,
a merced de vandálicas sombras.
Roto,
tal vez, en una noche negra.
PALMERA
Me gusta ver la palmera
cuando cae la tarde.
Su esbelta silueta
se dibuja entre nubes
que, en sus flecos, reflejan
los dorados del ocaso.
Ella, cuando se cimbrea,
con garbo agita sus palmas
despidiendo al que se acuesta
y dando su bienvenida
a las primeras estrellas.
Me resulta corto el tiempo
de contemplar tal belleza
mas, sé que habrá muchas puestas
en que gozaré al verla
y también radiantes albas
con auras que, al mecerla,
salude al astro rey
y licencie a las estrellas.
SENTIMIENTOS
De ayer, hoy y mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario