lunes, 19 de abril de 2010

SOLEDAD, SILENCIO… ¡ORACIÓN!

SOLEDAD, SILENCIO… ¡ORACIÓN!


Andando sin rumbo fijo
me hallo una madrugada;
no sé a dónde me dirijo,
en mi ser está la nada.

Inconsciente, voy huyendo
del ruido, luces y gente.
Nada quiero ni pretendo;
tal vez, vacío en mi mente.

Tras un camino penoso,
gran distancia recorrida,
en una roca pulida
mi cuerpo buscó reposo.

Era un sitio dominante
y tenues luces se veían;
unas, del pueblo provenían;
otras, de nao navegante.

La mar estaba en calma,
silentes las leves olas;
de rezar deseó mi alma
en el silencio y a solas.

Mi espíritu acumulaba
tristeza de muchos años,
sentía tan profundos daños   
que lloraba y no rezaba.

Del tiempo que pasó no soy consciente,
pero sí quedó grabada en mi mente
que, tras suaves luces del alba,
            el sol mis ojos cegó.
Al instante me invadió la esperanza,
mi alma dejó de buscar la plegaria,
mi oración no era necesaria:
            ¡Fue Dios quien me habló!

                        05/02/96 
 Julio Ramón





ACÉRCATE Y CAMINA A SU LADO



PROseguiste, evitando su mirada,
algo en ella te era desagradable;
sin acusarte, te sentías culpable
ante esa súplica altiva y humillada.

        SIN dudar, tu conciencia fue acallada;
su mendicidad se la había buscado
por ser vago, alcohólico o drogado
y, tal vez, reo de vida encarcelada.

       TE recuerdo: aunque sea un vicioso,
ése es hijo de Dios; es... tu hermano,
que de aliento está menesteroso,

      CHOca, afable, tu mano con su mano
pues, más que limosna pide amparo.
¡No le niegues tu amor cristiano!



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